LA
DUEÑA
Hace muchos años vivía en Tecozautla un feliz matrimonio con tres hijas, venían de buena familia, eran de mucho dinero y les gustaba vivir placenteramente, tenían una fructífera granja y vivieron mucho tiempo en esa agradable y próspera propiedad.
Diario, al ocultarse el sol, la dueña salía a su jardín a oler el perfume de la noche bañada en jazmines y azares quedándose mucho tiempo contemplando las estrellas.
Cuenta la leyenda que un hombre elegante de capa y bombín negros la visitaba en las noches
Obscuras sin luna, se dice que el hombre la enamoraba sin que ella lo pudiera ver escondiendo su rostro en la obscuridad profunda de la noche, su silueta apenas se percibía bajo la débil penumbra de las estrellas para desvanecerse después del rotundo desaire de la dueña.
Un día tras el rechazo de ella la sombra de ese hombre se fue acercando poco a poco hasta quedar frente a frente, el extendió su mano dejando caer una rosa blanca en la mano
De ella, cuando la tomo sintió un frio intenso mientras aquella rosa de marchitaba rápidamente hasta convertirse en ceniza. La silueta del hombre se desvaneció en medio de la noche hasta perderse y nunca lo volvió a ver.
Desde aquel día la dueña vivió con una angustia profunda que la atormentaba todo el tiempo, las flores de su jardín empezaron a marchitarse y en lugar de ellas brotaron rosas blancas.
Una noche fría y lluviosa la dueña comenzó a sentir una terrible angustia cuando escuchó una voz que susurraba su nombre, volvió su mirada rápidamente hacia donde se escuchaba la misteriosa voz y con asombro vio una sombra que vio una sombra que aparentaba la silueta del hombre que la visitaba tiempo atrás. Una descarga eléctrica ilumino la habitación de aquella mujer y un frio penetro hasta sus huesos, la dueña se horrorizo al ver en la sombra el rostro de una de sus hijas que hacía tiempo se había casado y vivía en la capital, sus labios estaban secos y marchitos, mientras que el resto de su cara estaba en estado de putrefacción
lentamente la sombra se acerco a ella dejando caer en su mano una rosa blanca que como al igual que la de aquel hombre se convirtió en cenizas. El teléfono comenzó a timbrar, la dueña inquieta se acerco poco a poco , lo descolgó lentamente para finalmente recibir una terrible noticia, su querida hija que vivía en la capital había sufrido una misteriosa muerte.
A su regreso de la capital tras haber sepultado el cuerpo de su hija, el feliz matrimonio fue sorprendido por una tormenta eléctrica, y llegando a su propiedad encontraron su granja en llamas, carbonizándose lentamente hasta quedar solo cenizas.
Hundidos en la depresión perdieron todo, cayeron en la pobreza y tuvieron que huir del pueblo. Se dice que en las noches frías y sin luna, en aquel lugar donde alguna vez estuvo su jardín, brota una hermosa rosa blanca que ilumina la noche.
DIA DE MUERTOS
En este próximo mes de noviembre en el que todos recordamos a nuestros fieles difuntos,
Hace mucho tiempo, en Tecozautla, Hg, justo a la media noche se escuchaban los funestos sonidos de las campanas de la parroquia de Santiago apóstol preparando la salida de las almas que empezaban a despertar de su obscuro letargo.
Don Carlos, un señor de edad madura, había salido al pueblo a vender leña para poder comprar veladoras, pan, vino, y algunas otras cosas que le faltaban para terminar de adornar la ofrenda para los muertitos.
Mientras, en su casa, su esposa colocaba al pie de la ofrenda la medalla de oro que don Carlos ponía todos los años en la ofrenda y que había pertenecido a su tatarabuelo, la cual, había pasado de generación en generación hasta llegar a las manos de don Carlos.
Se dice que don Carlos después de vender su leña se metió en una cantina a gastarse el dinero que había ganado. Con unas copitas encima decidió regresar a casa, cuando es sorprendido por los funestos sonidos de las campanas de la parroquia que anunciaban las doce de la noche.
En el camino, dentro de la obscuridad de la noche, Don Carlos descubrió un grupo de gente que caminaban con rumbo opuesto al de el, se dio cuenta que en sus manos llevaban comida, fruta, pan, agua y licor, y que atrás de ellos una persona que vestía elegantemente llevaba consigo la medalla de oro que había pertenecido a su tatarabuelo. Don Carlos le gritaba: ¡espérenme, esa medalla de oro que lleva el señor de atrás me pertenece!, las personas se fueron alejando si hacerle caso, pero Don Carlos insistió:¡oiga señor esa medalla que lleva puesta es mía! Repentinamente el señor que vestía elegantemente se volvió, el bombín que llevaba puesto obscurecía su rostro llenándolo de misterio, por lo que Don Carlos no pudo reconocer a este.
Un relámpago deslumbrante y ensordecedor ilumino el rostro de aquel hombre, dejando ver en él solo huesos, un frio intenso recorrió el cuerpo de don Carlos mientras que el hombre, con voz misteriosa le decía : vete a casa, aun no es tu hora.
Perplejo por lo ocurrido don Carlos regreso a su casa, pero cual fue su sorpresa, la medalla de oro que llevaba aquel hombre permanecía al pie de la ofrenda que don Carlos había hecho para su tatarabuelo.